La Sierva de Dios

LUISA PICCARRETA

Su vida

Nació el 23 de abril de 1865 en la pequeña ciudad de CORATO, en la provincia de Bari, al sur de Italia, ahí vivió siempre y ahí murió en olor de santidad el 4 de marzo de 1947.

Ochenta y dos años de vida, sesenta y cuatro de los cuales, sí, sesenta y cuatro, los pasó en la "celda más pequeña que haya habido en el mundo": su cama. Encima y alrededor de su cama una ligera estructura metálica de la cual por los cuatro costados pendían sendas cortinas que hacían de su cama un claustro de escasos dos metros cuadrados; espacio suficiente para ella y para su Amado: Jesús, que casi a diario la visitaba y la amaestraba para que ella modelara todo su interior a semejanza de Él. Y no sólo para Él, sino que  también había espacio para la Mamá, la Santísima Virgen, a quien Luisa así llamaba, la que, con la misma finalidad de hacer de Luisa una copia perfecta del interior de Jesús y del de Ella, la visitaba también con frecuencia.

Luisa estuvo siempre bajo la potestad de la "Señora Obediencia", ante la que siempre se doblegó y sometió, y que desde el Obispo le venía por medio del Confesor en turno.

Nuestro Señor intervino para poner a Luisa definitivamente y sin dudas en su estado de víctima de reparación, para lo cual se sirvió de una epidemia de cólera que en 1886 cosechaba muchas víctimas en la región de Corato. Jesús le pidió que aceptara un estado de sufrimientos para poner fin a aquel flagelo, y habiendo aceptado Luisa, después de tres días de sufrimientos desapareció el cólera, que desde meses antes cundía.

Cuando ella tenía 21 años, su nuevo confesor, Don Michele de Benedictis, para conocer, probar y discernir su espíritu, le impuso por primera cosa que, si debía sufrir, debía primero pedirlo a la obediencia.

Un año después, Jesús le pidió ofrecerse a sufrir, pero no ya a intervalos, como en el pasado, sino de modo continuo, y todo para reparar a la Divina Justicia, demasiado airada, y evitar a los hombres tantos castigos que cada vez más merecían y que estaban a punto de llover. Luisa hizo saber estos deseos de Jesús al Confesor y le pidió que le diera la obediencia, pues debía sufrir "por un cierto tiempo" que ella pensaba fueran cuarenta días; el Confesor asintió y Luisa quedó así definitivamente en cama desde los 22 años, en el otoño de 1887. Y aún debió vivir por otros 60 años, sí, 60, en su "celda", pues la obediencia le venía renovada, y los vivió así sin haber estado NUNCA enferma de nada y sin que jamás presentara llaga alguna debido a su estado.

Se inició, entonces, una nueva cadena de gracias singulares. Jesús se hacía ver frecuentísimamente, disponiéndola a los "Desposorios Místicos" y llevándola a una perfecta conformidad con la Voluntad de Dios. Jesús continuó preparándola para otros desposorios, los "Desposorios de la Cruz", y, una mañana, mostrándose crucificado, le comunicó los dolorosísimos estigmas de su Pasión, pero, consintiendo a los deseos de Luisa de dejárselos invisibles, ninguna señal externa le dejó. Desde entonces le era renovada por Jesús mismo la crucifixión. Luisa, que se veía consumir por una hambre insaciable de sufrir, años más tarde debió aprender que todo, voluntad de sufrir y aun el deseo de ver sensiblemente a Jesús, todo debía morir en la Divina Voluntad.

Muerto este Confesor, uno nuevo, Don Gennaro di Gennaro, en 1899, la tomó a su cuidado y así fue durante 24 años. Y por primera cosa le dio la obediencia, dolorisísima para ella, de escribir todo lo que había sucedido, desde el inicio, entre Jesús y ella, y empezó a escribir en febrero de 1899.

Jesús continuó enseñándola y preparándola a su excelsa misión, a la máxima gracia y a un "estado superior": Vivir en y de la Divina Voluntad. En 1900 le habla por primera vez de esto y da a ella por primera esta Gracia de las gracias y la constituye como la Pequeña Hija de la Divina Voluntad, iniciando así con ella, en el silencio y en lo escondido, la nueva era de Gracia, el verdadero REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD EN LA TIERRA, el cumplimiento del Pater Noster: Fiat Voluntas Tua sicut in Cœlo et in terra. El Hágase Tu Voluntad como en el Cielo en la tierra.

Luisa escribió, a partir de entonces, 36 volúmenes acerca de esta doctrina del vivir en la Divina Voluntad, y otros escritos, entre los cuales: "Las Horas de la Pasión", de las que se publicaron cuatro ediciones, en 1915, 1917 y 1921, y "La Reina del Cielo en el Reino de la Divina Voluntad", de la que se publicaron 3 ediciones, en 1932, 1933 y 1937. Todas con "Nihil Obstat" e "Imprimatur". La obediencia de escribir cesó y el último capítulo del Vol. 36 lo escribió el 28 de diciembre de 1938.

El P. Gennaro murió en 1922 y lo sucedió el Can. D. Francesco De Benedictis, quien murió 4 años después, en 1926. Y, por último, fue nombrado Confesor por el Arzobispo el Can. D. Benedetto Calvi, quien atendió a Luisa hasta la muerte de ella.

Finalmente, el 4 de marzo de 1947, a las 6 de la mañana, murió, después de una breve pero intensa pulmonía. Después de 4 días de veneración pública de sus restos, tuvo su primera apoteosis: sus triunfales funerales, en los que participaron innumerables personajes de la Iglesia local de Trani, diócesis a la que pertenece Corato, así como de otras partes, según se puede constatar en algunas fotografías de la época. Actualmente sus restos mortales reposan, con autorización de la Iglesia, en el interior del templo parroquial de Corato.

¿Cómo se desarrollaba un día cualquiera de la vida de Luisa? Su último confesor, Don Benedetto Calvi, ha dejado este testimonio:

"FENÓMENOS EXTRAORDINARIOS

EN SU VIDA"

"Hacia las 6 de la mañana, el Confesor llegaba a la cabecera de su camita. Luisa se encontraba como si fuera un bloque de mármol, contraída tan fuertemente que cuando su hermana o alguna otra persona de casa tenía que sentarla en la cama, en su postura acostumbrada, para obedecer al Confesor o al Obispo, no eran capaces de moverla a causa del peso, como si fuera un gran bloque de plomo, ni extenderle ningún miembro, porque tenía una fuerte rigidez. Sólo cuando el Confesor (o podía ser en determinadas circunstancia cualquier sacerdote) le devolvía la vida y los movimientos al cuerpo dándole una bendición y haciéndole una señal de la cruz con el pulgar sobre el dorso de la mano, el cuerpo de Luisa entonces se reanimaba, empezaba a moverse, y su hermana podía levantarla y colocarla fácilmente y sin ningún esfuerzo en su sitio y en su acostumbrada y única posición, sentada en su camita."

"Otro fenómeno extraordinario (ya señalado): en 64 años, sin moverse de su cama, nunca sufrió ninguna llaga de la piel".

"A continuación seguía la lectura, hecha solamente por su Confesor a su cabecera, de lo que Luisa había escrito aquella noche acerca de las sublimes verdades de la Divina Voluntad".

"Y otro hecho extraordinario: ¿Cuál era su alimento? Todo lo poco que comía, lo devolvía siempre todo, viviendo en una total inedia, desde que quedó en cama hasta que murió: 64 años. Su único alimento era la Divina Voluntad y Jesús Sacramentado".

"Estos y otros fenómenos los pudieron observar personalmente y controlar escrupulosamente, y además los sometieron a severos exámenes, no pocos doctores o profesores de dogmática, de moral, de ascética y mística, llamados por nuestros superiores diocesanos para emitir un juicio. Menciono un par de ellos: el Dr. P. Doménico Franzé. O. F. M. (Profesor de Fisiología y Medicina en el Colegio Internacional de Roma) y el Dr. P. Consalvo Valls, O. F. M. (asimismo doctor en Teología Moral, Ascética y Mística), y otros más".

"Después de haber despertado a Luisa mediante la santa obediencia, el Confesor, o bien otro sacerdote, celebraba la Santa Misa en su cuartito, delante de su cama. Luego, tras recibir la Santa Comunión, Luisa se quedaba como dormida, extasiada, en íntimo coloquio con el Señor durante dos o tres horas, pero sin quedarse rígida ni con la pérdida completa de sus sentidos. Muchas veces, sin embargo, durante el día le sucedía que Nuestro Señor estaba con ella en modo sensible, y a veces las personas que le hacían compañía lo notaban".

"Cuando volvía en sí, se ponía a trabajar sentada en la cama. Cosía y hacía encajes sobre el "tómbolo" (trabajos finos de tejido, que generalmente eran ornamentos, manteles, etc., para la Iglesia) y diariamente acudían a ella algunas jóvenes y niñas, a quienes enseñaba a hacer estos trabajos, pero sobre todo atraídas por el dulce encanto que emanaba la presencia de Dios en Luisa... Y con Luisa pasaban todo el tiempo en oración, meditaban "Las Horas de la Pasión" como lo hacía Luisa (y muchas de esas jovencitas llegaron a saber de memoria esas "Horas"); hacían horas santas de reparación y otros ejercicios de piedad. Su vida, pues, aparecía exteriormente así, siempre igual: trabajo, silencio, oración".

"Hacia las dos y media o las tres de la tarde le llevaban la pequeña porción de alimento que, como ya se dijo, después de algunos minutos devolvía en un recipiente destinado a este efecto. Por la tarde dedicaba normalmente otra hora a la meditación; a un cierto momento le cerraban la cortina de su cama y durante una hora y media o dos horas la dejaban sola... con la Reina del Cielo, que venía a visitarla. Después de lo cual proseguía el trabajo hasta las diez o las once de la noche. Entonces Luisa se ponía a escribir, cuando había recibido alguna manifestación o comunicación de Nuestro Señor (bien durante el día, bien durante su estado de "dormición" durante la noche), o a medida que se le renovaba la orden de seguir escribiendo. Finalmente, ya hacia la media noche o a la una, Luisa se reclinaba en la cama y entonces la sorprendía la pérdida de los sentidos y su estado de "muerte"; y si esto le sucedía antes de poder extenderse en la cama, se quedaba en aquella postura como una estatua de piedra".

"Y así pasaban los días de toda su vida."

Dejemos la palabra a otro de sus Confesores, si bien sólo Confesor extraordinario por menos de 2 años, pero que estuvo en contacto con ella durante 17 años, hasta la muerte de él en 1927; quien se interesó de tal manera en la persona, en los escritos de Luisa y en la doctrina de la Divina Voluntad, que fue quien publicó las "Horas de la Pasión": ANNIBALE MARIA DI FRANCIA.

El P. Annibale M. Di Francia llegó a Corato en 1910, iniciando una serie de visitas y un frecuente e íntimo contacto espiritual con Luisa. Conocerla, para él significó un viraje trascendental en su vida, y el conocimiento de la Divina Voluntad fue decisivo en su espiritualidad. El Arzobispo de Trani lo nombró censor eclesiástico en su diócesis y director en lo que se relacionaba con los escritos de Luisa, en vista de la publicación que el Padre deseaba hacer.

Entonces el P. Di Francia se dedicó con todos sus deseos y energías a la publicación de las "Horas de la Pasión", para las cuales escribió una larga introducción, e hizo cuatro ediciones, siempre con el "Imprimatur" y el "Nihil Obstat". El Padre como censor de los escritos de Luisa otorgó el "Nihil Obstat" y obtuvo de S.E. Giuseppe Maria Leo, Arzobispo de Trani el "Imprimatur" para los primeros 19 volúmenes escritos por Luisa, que eran los que a la sazón había escrito.

Dejémosle, pues, la palabra a él, transcribiendo parte del válido testimonio que de Luisa dejó escrito:

"Ella quiere vivir solitaria, oculta y desconocida. Por ninguna razón habría puesto por escrito las íntimas y prolongadas comunicaciones con Jesús adorable, desde su más tierna edad hasta hoy, y que continúan quién sabe hasta cuando, si Nuestro Señor mismo no la hubiera obligado, ya sea directamente por Él o por medio de la santa obediencia de sus directores, obediencia a la que siempre se rinde con gran violencia por su parte, junto con una gran fortaleza y generosidad, porque el concepto que ella tiene de la obediencia le haría rehusar aun la entrada al Paraíso..." "Y esto constituye uno de las más importantes caracteres de un espíritu verdadero, de una virtud sólida y probada, y además se trata de cuarenta años en los que con la más fuerte violencia contra sí misma se somete a la gran "Señora Obediencia", la que la domina..."

"Esta Alma Solitaria es una virgen purísima, toda de Dios, objeto de singular predilección del Divino Redentor Jesús, Nuestro Señor, que de siglo en siglo acrecienta cada vez más las maravillas de su amor, parece que de esta virgen, a quien Él llama la más pequeña que haya encontrado en la tierra, desprovista de toda instrucción, ha querido formar un instrumento apto para una misión tan sublime que NINGUNA OTRA se le puede comparar, esto es, para el triunfo de la Divina Voluntad en la tierra, de conformidad con lo que está dicho en el "Pater Noster": "Fiat Voluntas tua sicut in cœlo et in terra".

"Esta virgen del Señor, desde hace más de cuarenta años, desde que era adolescente, fue puesta en cama como víctima del amor divino. Y durante todo este tiempo ha vivido una larga serie de dolores naturales y sobrenaturales de embelesamientos de la caridad eterna del Corazón de Jesús. Origen de dolores que exceden todo orden ha sido una casi continua y alternada "privación de Dios..."

"A los sufrimientos del alma se agregan también los del cuerpo, todos originados por el estado místico: sin que ninguna señal aparezca en las manos, en los pies, en el costado o en la frente, ella recibe de Nuestro Señor mismo una frecuente crucifixión... Y si Jesús no lo hiciera así, sería para esta alma un sufrimiento espiritual inmensamente grande... Y esta es otra señal de verdadero espíritu..."

"Después de cuanto hemos dicho acerca de la larga y continua vida de años y años en una cama en calidad de víctima, con participación de tantos dolores espirituales y corporales, podría parecer que la vista de tal desconocida virgen debería ser una cosa dolorosa y afligente, pues sería ver a una persona que yace con todas las señales de los dolores sufridos. Pero aquí hay otra cosa admirable: esta esposa de Jesús Crucificado, que pasa las noches en éxtasis dolorosos y en sufrimientos de todo género, al verla luego en el día, medio sentada en su cama, trabajando en sus bordados, nada, nada se transparenta, ni lo más mínimo, de una que en la noche haya tanto sufrido. Ninguno, ningún aire de extraordinariedad o de sobrenaturalidad. Se ve en todo con el aspecto de una persona sana, alegre y jovial; habla, discute y a veces ríe, si bien recibe a pocas personas amigas..."

"No continúo más. La vida de esta virgen esposa de Jesús es MÁS CELESTIAL QUE TERRENA y quiere pasarla en el mundo ignorada y desconocida, no buscando sino a Jesús y a su Santísima Madre, quien la ha tomado bajo su particular protección"...

Y dijimos que este testimonio es válido porque el Padre Di Francia, que tan bien conoció a Luisa y durante tantos años, y con tanto fervor publicó "Las Horas de la Pasión", fue beatificado por el Papa Juan Pablo II el 7 de octubre de 1990 y fue por él elogiado y puesto como ejemplo para los sacerdotes de nuestros días.

* * *

Sus escritos

 De la vida exterior de Luisa podríamos referir un sinnúmero de anécdotas asombrosas y extraordinarias, como las narran tantas personas que la conocieron, pero correríamos el riesgo de desviarnos a cosas secundarias, reduciendo su vida a una serie de episodios, sin duda milagrosos, piadosos y edificantes, pero dejando a un lado lo más importante de Luisa y que es lo que la distingue de todos los demás y donde encontramos su verdadero retrato,e así como su misión.

Entonces ¿quién es Luisa? ¿Qué hizo en su vida? ¿Cuál es su misión?

Las respuestas a estas preguntas, respuestas asombrosas, se encuentran en sus mismos escritos. No es posible conocer a Luisa sin conocer sus escritos; ellos forman no sólo el conocimiento de su vida interior, sino que son los conductos por los que nos llega a nosotros tanto el conocimiento de ella, como la formación de la LA VIDA DE LA DIVINA VOLUNTAD en ella y en todos los que La quieran acoger.

Pero antes de asomarnos a los escritos, queremos transcribir dos opiniones que dejaron los ya mencionados Padres Doménico Franzé y Consalvo Valls.

Helos aquí:

"Reverendo Padre:

Hace ya casi un año, precisamente el pasado septiembre, que Vuestra Reverencia me entregó, también de parte de un importante personaje, dos ejemplares del libro titulado "EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD" con el fin de que yo diera un juicio sobre dicha obra, cuyo autor se había atrincherado en el más estricto anonimato.

Pues bien, R. Padre, como sabe, no me he contentado con leer dicho libro, sino que he querido conocer además para poder enjuiciarlo mejor a la persona que lo ha escrito.

Y después de haberlo leído y de haber hablado con quien lo ha escrito, no me he detenido sólo en mi convicción sino que he solicitado asimismo el parecer de algunos de entre mis competentes Hermanos religiosos, de uno de los cuales le incluyo una breve relación; se trata del Padre Consalvo Valls, profesor de Teología en este nuestro Colegio Internacional de San Antonio y examinador delegado para la revisión de nuestros libros (esta relación se incluye más abajo).

En verdad, a quien no tuviera tiempo ni ganas para recorrer el libro, le bastaría ver el índice del mismo para ver cómo un alma llamada por Dios a la perfección se eleva con pasos y subida graduales, por los caminos del desapego y del anonadamiento, de las tentaciones y de las pruebas, entre las cuales hay una durísima, que se prolonga desde hace ya más de 46 años.

A mí, que soy médico, me causa sencillamente estupor el hecho de que en la paciente no haya encontrado ninguna llaga o erosión de la piel, en una persona obligada a estar inmóvil en cama durante un periodo tan largo de años.

A mí, que soy Religioso Regular, me da mucho consuelo haber recibido seguridades de que, durante tan larga serie de años, ni los médicos, ni los Confesores, ni los Arzobispos diocesanos, hayan descubierto jamás engaño alguno, después de haber hecho pruebas exhaustivas.

A mí, finalmente, que soy Sacerdote, se me alegra el alma por haber comprobado que en la paciente hay no sólo toda la delicada integridad de las virtudes cristianas, sino además un alma que tiende a la perfección iluminada por una gracia especial.

Aparte de todo lo que Nuestro Señor parece que se digna obrar en esta alma, para purificarla y hacerla digno instrumento de misericordia para sus semejantes, yo noto en estos escritos una idea predominante, que podría llamar LA IDEA MADRE DE LA EXISTENCIA DE ESTA CRIATURA: LA DIVINA VOLUNTAD.

La pobre paciente llama a todas las almas a que penetren en el mal de cada una de las voluntades personales y quiere hacer constatar que, así como uno es el mal común de todas las voluntades humanas, es decir, el pecado, así una sola es la medicina universal para todos los hombres pecadores, es decir, que LA SANTÍSIMA VOLUNTAD DE DIOS SEA LA VIDA DE LA VOLUNTAD HUMANA.

Si el libro del que hablamos no hiciera más que inculcar en el lector los derechos de Dios y de su Divino Querer y afirmar su poder supremo sobre todas las voluntades humanas y sobre todos los poderes y los reinos de nuestra minúscula tierra, yo diría que eso sería ya mucho para el bien de las almas.

Reverendo Padre, con juicio de médico y de sacerdote le digo que solamente un espíritu tan mortificado y perennemente mortificado, SOLAMENTE UNA VOLUNTAD HUMANA FUNDIDA EN LA VOLUNTAD DIVINA puede llegar a concepciones tan básicas y fundamentales como las que manifiesta esta alma, la cual, sin estudios y sin escuela, estando sola en el lecho de su dolor, con una verdadera cultura literaria, teológica y ascética limitadísima, HABLA CON VERDADERA COMPETENCIA de los temas más abstrusos, de la solución a los problemas más difíciles y CONDUCE AL ALMA QUE LEE SUS ESCRITOS A LOS CAMPOS MAS PERFUMADOS DE LA VIRTUD.

No es ahora el momento, desde luego, de que yo dé cuenta de las pruebas físicas, psicofísicas y morales que he experimentado en la paciente. Yo tengo la certeza moral, y también porque quien escribe tiene ya 65 años bien maduros y es ajeno a todo lo que sabe a mundo y a todo lo que sabe a inmoderación, yo tengo la certeza moral, repito, por cuanto le es dado al hombre, de que el libro que Vuestra Reverencia me ha presentado podrá hacer un gran bien, sobre todo porque procede de un espíritu recto y sin ficción.

Le doy las gracias por la hermosa ocasión que me ha dado y me encomiendo a sus dignas oraciones, mientras me confirmo de Vuestra Reverencia afectísimo en Jesucristo".

Fray Doménico Franzé
Médico Cirujano. Profesor de
Fisiología y Medicina misionera
en el Colegio Internacional
San Antonio. Socio de mérito de
la Pontificia Academia Romana de
Misiones. Roma. 20071931"

 

De la opinión del P. Valls, que el P. Franzé menciona, transcribimos solamente las afirmaciones principales, y son las siguientes:

"Reverendo P. Franzé:

He leído y estudiado el libro titulado "EN EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD". Y después de haberlo meditado en algunos de sus puntos, puedo declarar lo siguiente:

I. Bajo el aspecto dogmático: Lo he encontrado conforme en todo con las enseñanzas recibidas de la Santa Iglesia y manifestadas en las fuentes de la Revelación, incluso cuando habla sólo de paso de cuestiones dogmáticas, como... (Y sigue una serie de puntos analizados, y los comentarios a los mismos son: "Exactitud teológica sublime y maravillosa...", "Exactísimo también el concepto... sin estridencias y con maravillosa armonía", "Nunca se repite, sino siempre encuentra nuevos y bellísimos aspectos, sin separarse ni por un instante del recto concepto de esas verdades de Fe". etc.) Es cierto que acá y allá se encuentran incertidumbres y a veces incluso cosas raras, que necesitarían alguna explicación; pero es también verdad que por cuanto más se reflexiona en las mismas, más desaparece la aparente disonancia de la primera impresión. Por lo demás, Jesús mismo se lo dice al alma cuando la tranquiliza de los temores que ella siente de escribir disparates...

II. Bajo el aspecto ascético: Es justísimo en todas sus apreciaciones, bien sea al presentar los medios activos de santificación (oración, trabajo, cumplimiento de los propios deberes, sacramentos, prácticas de piedad, lecturas, mortificación, etc.), bien sea especialmente en las amplias enseñanzas que da sobre las virtudes mismas... Nota: para justificar todos estos puntos (que el autor enumera) haría falta citar todo el libro...

III. En cuanto a los fenómenos místicos: El libro parece verdaderamente inspirado (De los numerosos puntos que señala, indicamos, por ejemplo, este: "Diferencia entre el conocimiento abstractivo y el conocimiento intuitivo de Dios y del alma misma. La demostración que hace del intuitivo es una demostración psicológica y experimental de la doctrina teológica acerca del modo de obrar divino de los dones del Espíritu Santo y de los sentidos espirituales, por contraposición al modo de obrar humano de las virtudes, etc.)

IV. Por lo que se refiere al autorretrato de esta alma: Se ve que vive intensamente la vida de la gracia, de la cual hace descripciones tan bellas y exactas como solamente los dones del Espíritu Santo pueden darle el conocimiento y además la ciencia de poderlas expresar. De estos dones en plena actividad proviene esa contemplación de Dios en sus atributos y en su vida trinitaria, esa contemplación de Cristo y de la Sma. Virgen en sus misterios, esa visión tan consoladora y maravillosa de la Divina Voluntad que gobierna al mundo... No de otra fuente, más que de la gracia divina, que absorbe todo el ser de esta alma, puede proceder esa resolución y esa generosidad con las que se entrega a los más grandes sacrificios íntimos que le pide su Amado; esa delicadeza y vivacidad de sentimientos...; igualmente la inmensa caridad hacia el prójimo, que brota y tiene por fundamento el amor a Jesús... Y sobre todo, sólo de la gracia puede venir ESA SUBSTITUCIÓN DE SU PROPIA VOLUNTAD POR LA VOLUNTAD DEL SEÑOR, que la hace permanecer en paz, segura y contenta en medio de las más grandes tribulaciones, sufrimientos, sequedades, y que constituye la misión particular de esta alma.

Por todas estas observaciones, hechas así, de volada, acá y allá, y cotejando, yo nutro la íntima persuasión de que la persona en cuestión es un alma de Dios y que ES DIVINA LA OBRA QUE SE CUMPLE EN ELLA. No conozco la vida, ni la historia de esta alma, pero para justificar este concepto mío me basta el examen de este libro y el efecto QUE YO MISMO he experimentado con su lectura, la que destilaba en mi espíritu nuevas ansias de mejorar espiritualmente. Sólo Dios tiene las llaves del corazón y lo hace vibrar hacia la santidad..." (etc.).

De Vuestra Reverencia, afectuosísimo hermano."

Fray Consalvo Valls, O. F. M.
Profesor de Teología Dogmática y
Mística en el Colegio
Internacional de S. Antonio. Roma."

 

SUPLEMENTO – Febrero 2 del 2004.

 

Además de estas opiniones de estos dos Padres, menciono ahora la evaluación teológica de los escritos de Luisa hechas por el Rev. Cosimo Reho, Profesor de Teología Dogmática, la cuál fue enviada el 18 de diciembre de 1997 al Tribunal de la Diócesis  responsable por la Causa de Beatificación de Luisa como respuesta a su petición de evaluación.  En ésta, el Rev. Padre Reho determinó que estos escritos no contienen nada que sea contrario a la fe o moral Católica.

 

 

Estas conclusiones concuerdan con las del Rev. Antonio Resta, Rector del Instituto Teológico Pontificio del Sur de Italia, a quien le fue también encomendado esta evaluación sobre los escritos, y quien entregó su reporte al mismo Tribunal el 2 de junio de 1997.  Él tampoco encontró nada en los escritos de Luisa, que sea en contra de la fe o moral Católica.

 

Estos dos teólogos, independientemente comisionados por el Tribunal para hacer tales evaluaciones de los escritos de Luisa, han llegado a las mismas conclusiones de los otros individuos de grande reputación ya mencionados en esta Introducción, y quienes evaluaron los escritos mencionados durante la primera parte de este siglo, como ya documentado.

 

También vimos anteriormente cómo el ahora Beato, y en 3 meses ya Santo, Annibale di Francia, fundador de varias Ordenes Religiosas, quien fue confesor extraordinario de Luisa por 17 años y quien fue elegido por la Iglesia como censor de sus escritos, tampoco encontró nada contrario a la fe o moral Católica, y cómo él dio el Nihil Obstat a los primeros 19 volúmenes en 1926 poco antes de su muerte, a los cuáles Su Excelencia Arzobispo Joseph Leo dio también el Imprimatur, sello y garantía del Espíritu Santo en Su Iglesia.

 

Como aún más apoyo a que se puedan leer estos escritos con toda confianza, si es que esto fuese necesario, les recuerdo que en 1966, S.S. Pablo VI, decretó la supresión del Índice de libros, el cual prohibía la lectura de libros que no tuviesen primero el sello de la autoridad Eclesiástica. Los refiero al decreto de la Sagrada Congregación de la Fe de fecha 15 de Noviembre de 1966, Cánones 1399 y 1385, Nos. 1 y 2, y de los cuáles nada ha sido variado en el Código de 1983. En estos escritos, los primeros 19 volúmenes tienen ya el sello de la autoridad Eclesiástica; la apertura de la Causa de Beatificación de Luisa y la Beatificación, y ahora Canonización, del Padre Annibale di Francia, garantizan también el resto.

 

Que la Paz y la Gracia del Señor Jesús sea con Vosotros!

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Los que deseen reproducir y enviar este CD a otros después de haber conocido su contenido y valor, lo pueden copiar y enviarlos directamente, o me pueden enviar los nombres y direcciones de las personas a quienes desean enviarlo y con gran gozo lo haré.

 

Mateo6_10@hotmail.com